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Con más de setenta títulos publicados desde su fundación en 1995, Taller Ditoria es resultado de un ejercicio singular en el ámbito de la edición, no sólo por la calidad de sus contenidos literarios y nómina de autores, sino también por sus resultados estéticos y formales: libros enteramente artesanales desde la tradición tipográfica. Libros de artista cuyos textos son formados en tipos móviles e impresos en prensa plana Chandler & Price 1899 –La Toñita–, así como cosidos y encuadernados en rústica a mano; cada título con su diseño propio, en tiraje reducido. Taller Ditoria es dirigido por su fundador, el pintor y editor Roberto Rébora. Jorge Jiménez, quien lo ha acompañado en la aventura desde el inicio, es el maestro tipógrafo y encuadernador que materializa el diseño concebido para cada obra por publicar. La impresión está a cargo de Gilberto Moctezuma, junto con La Toñita. Luz de Lourdes García Ortiz, editora, se encarga de cuidar las ediciones y de otras labores que atañen a la editorial. Taller Ditoria es un espacio de experimentación formal riguroso, animado por el intenso gusto de realizar ediciones de características propias.

domingo, 19 de mayo de 2019



Así las cosas, deberé suponer que estoy en una oreja de madera que tiene mi tamaño. Recostado me hallo, con los brazos extendidos a los costados y los tobillos uno sobre el otro... Sin ninguna intención. Aquí no me encontrarán. No creo ser un anciano, aunque disfrute el olor del serrín húmedo. Por lo demás, viejos son los que se sientan en las esquinas y sorben café, para mantener abiertos los ojos a pesar de que el polvo se acumula en el borde sus párpados. Pero nada es vano en este mundo. Al menos eso debemos creer, o deberíamos. Así es que, si el universo es agua, seré río; si soga, nudo; si fuego, cerilla... Cercenar, abrir orificios... Cada quien podría realizar actos inútiles a su manera; en este espejo hay sitio para cualquiera... Tarde o temprano todo acto encuentra la convicción que lo justifica. Nada es vano: Sócrates arrojaba de sí la saliva, el pelo y las uñas por considerarlos inútiles... Quizá lo más útil de todo es negar. Se me niega. Como vela se me escure el cuerpo a los talones... La luz parpadea antes de cerrar los ojos, la embriaguez es abundante, y la tragedia debería producir placer... [...] Todo tiene algo de opaco. ¿Deberé esperar sentado en algún rincón de mi interior, esperar a que alguien me empuje a la punta de mis dedos, esperar crecer como una uña? Puedo especular con el polvo que se aprieta en la tela de una araña, o si no, en un ángulo de la casa, donde una gotera reposa en su lenta y constante caída. Existen muchos métodos, pero ¿para qué medir, delimitar, clasificar nuestro deterioro?... Supongo que algo se tenía que hacer mientras el tiempo nos hacía pequeños y angostos, y no discernimos nada más ambiguo y paradójico que ser arqueólogos de nuestras propias ruinas, embalsamadores de nuestras propias momias... Y para ellas la noche fue larga, aquello que creían indispensable se les muestra ahora vacuo, grotesco... Para ellas amanece tan tarde, que los amantes al darse el primer beso ya no se reconocen el uno al otro, y en sus ojos no hay ya luz para encontrar la salida de esa profunda boca sin lengua... Y comienza a brotar la idea de que ya es tiempo de que la voz se trascienda... Pero nada. [...] No hay noche, cada quien oculta la suya con una vela. Aún así, la risa inmacula el alma... Y en el inmenso mar de los sentidos, aunque se astille el ser por trasladarse a otro, más ligero que uno solo, son dos cuerpos abrazados... Besar es cosa de santos, como levitar sin lengua.

Daniel Bolado, Fragmentos y fantasías, ilust. Roberto Rébora, México, Taller Ditoria, 2003.












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