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Con más de setenta títulos publicados desde su fundación en 1995, Taller Ditoria es resultado de un ejercicio singular en el ámbito de la edición, no sólo por la calidad de sus contenidos literarios y nómina de autores, sino también por sus resultados estéticos y formales: libros enteramente artesanales desde la tradición tipográfica. Libros de artista cuyos textos son formados en tipos móviles e impresos en prensa plana Chandler & Price 1899 –La Toñita–, así como cosidos y encuadernados en rústica a mano; cada título con su diseño propio, en tiraje reducido. Taller Ditoria es dirigido por su fundador, el pintor y editor Roberto Rébora. Jorge Jiménez, quien lo ha acompañado en la aventura desde el inicio, es el maestro tipógrafo y encuadernador que materializa el diseño concebido para cada obra por publicar. La impresión está a cargo de Gilberto Moctezuma, junto con La Toñita. Luz de Lourdes García Ortiz, editora, se encarga de cuidar las ediciones y de otras labores que atañen a la editorial. Taller Ditoria es un espacio de experimentación formal riguroso, animado por el intenso gusto de realizar ediciones de características propias.

martes, 14 de mayo de 2019



¿Cómo leer poesía?

La historia, la sociología, el marxismo, el psicoanálisis, el estructuralismo, la crítica textual, el estudio de variantes, de fuentes, de influencias, la estadística, la lingüística, la semiótica, la hermenéutica, la glosa, la traducción, la parodia, la desconstrucción, la teología, todo puede servir para ver con otros ojos y enriquecer la lectura. Un poema se deja leer de muchas maneras (aunque no de cualquiera: el texto condiciona las lecturas que admite). Y cada modo ayuda a ver esto o aquello que pone de relieve.

Leer de muchos modos, según lo pida el texto y el ánimo lector, puede ser otro método: el de leer por gusto. Cuando se lee por gusto, la verdadera unidad metodológica está en la vida del lector que pasa, que se anima y se vuelve más real, gracias a la lectura.

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Blanco

La relectura no es una segunda o tercera lectura. Es otra zona de la lectura que puede integrar todas las lecturas posibles. La lectura como hecho personal es irreversible: aunque se vuelva a leer lo mismo, no se vuelve a leer con los mismos ojos. Pero lo mismo (dentro de ciertos límites) permanece igual: abierto a todas las lecturas posibles, con una apertura intemporal que hace pensar en la eternidad. Los renacentistas predicaron la eternidad del arte antiguo, aunque practicaron su relectura, que es otra cosa. [...] Pero ver un cuadro de golpe es haberlo visto? ¿No hay muchas cosas que vemos después? ¿No hay muchos detalles que se pierden de vista aunque hayan sido vistos? ¿No hay que acercarse o alejarse para ver ciertas cosas? ¿No hay que analizar?

Con un texto sucede al revés: se empieza por la lectura miope. Supuestamente letra por letra y palabra por palabra; aunque de hecho las palabras se adivinan, a partir de las primeras y últimas letras; y muchas frases también se adivinan, al menos en los buenos lectores. Desde esos conjuntos mínimos, la “mirada” del lector se va “retirando” hasta ver el cuadro completo. Una vez que se alcanza la experiencia total del texto, la relectura de sus partes se vuelve una experiencia diferente: lo mismo dice más, se integra en otra zona de sentido.


Gabriel Zaid, ¿Cómo leer poesía? ~ Blanco, Guadalajara, Ditoria Hormiga, 2012, Colección del Semáforo, 22. Extractos de Leer poesía, del mismo autor.













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